Maricarmen.

Antonio seguía en el sofá, como si el mundo no le importara más allá de rascarse la barriga y bostezar interminablemente. Con los ojos aún entreabiertos, me lanzó una de esas miradas que hablan sin necesidad de pronunciar palabra.
—¿Otra vez las noticias? —dijo, arrugando la frente—. ¿A estas horas? Voy a poner el tenis, Maricarmen. Que...

El telenoticias emitía las imágenes como si fuera el goteo constante de un grifo mal cerrado que, en vez de agua, salpicara sangre.
Niños cubiertos de polvo. Mujeres asfixiándose en sus propios llantos con bebés envueltos en sábanas blancas. Edificios enteros cayendo como si fueran de cartón.